La compasión es anterior a cualquier religión
Gonzalo Haya
Esta semana nos llega, para mirar con nuevos ojos, la parábola evangélica que llamamos “El hijo pródigo”. Siempre se ha leído este texto como el de un padre compasivo y el de un hijo mayor egoísta con su hermano menor que regresa arrepentido a la casa. Y sí, es claro que se nos muestra un padre compasivo, un padre que conecta inmediatamente con su hijo rebelde. La compasión a la que estamos llamados todos y todas es una exigencia humana permanente:
La compasión procede del estrato límbico de nuestra evolución; no tiene que pasar por los vericuetos de nuestro cerebro. No pide ni da explicaciones. Es comunicación directa, intuitiva, entre dos corazones, plantea Gonzalo Haya. Como el padre mostrado por Jesús, nuestras respuestas ante situaciones difíciles no deben hacerse esperar (el padre divisa a su hijo a lo lejos y sale a su encuentro), si somos compasivos o compasivas las respuestas brotan espontáneamente.
Pero desde mi punto de vista, esta parábola evangélica va mucho más allá. Siglos antes de la vida de Jesús de Nazaret en el contexto cultural del mundo greco-romano, el derecho materno que era el derecho del hijo más débil, generalmente el hijo menor, fue sustituido por la “ley del padre” que es la ley del hijo mayor. Recordemos en la tradición bíblica la historia de Isaac, Rebeca, Esaú y Jacob… La ley del padre defiende la herencia y para que esta no se disperse o se divida la concentra en el hijo mayor.
Ya el padre de la parábola realiza una ruptura cuando le entrega al hijo menor parte de la herencia y lo deja en libertad de marcharse. Pero lo más fuerte viene cuando éste, después de haberla dilapidado regresa a la casa paterna en busca de un refugio. La crítica fácil surge contra el hijo mayor, sin embargo hay que entender que él está defendiendo sus derechos que el Padre ha ignorado y violado. El hijo menor no sólo ha sido ingrato y ha pasado la vida entre placeres… lo más grave es que ha gastado parte de la herencia familiar y esto va contra la ley del padre. Sin embargo, su padre actúa según normas distintas y lo acoge de nuevo a pesar de los reclamos familiares.
No sólo es un buen corazón, es también una conducta que se ajusta a reglas diferentes. No es la primera vez que Jesús muestra actitudes más cercanas a la sensibilidad de las mujeres que a la de los varones. Su misma forma de dirigirse a Dios: Abba -según las traducciones más modernas- remite a lenguajes infantiles más comunes entre madres y niños y no tanto a lenguajes propios de adultos para dirigirse a los “páter-familia”.
Una vez más el Evangelio estableces rupturas con el medio y nos entrega una imagen de la Divinidad distinta. Un Dios que se salta leyes y dictámenes para hacernos ver un rostro de cercanía, amor, normas más justas y sensibles… y por supuesto una Divinidad de la compasión, no del juicio o condena. Unos brazos y costumbres maternas que acogen y bendicen.
Carmiña Navia Velasco
Santiago de Cali, finales del mes de Marzo de 2025